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Vaca rica, Vaca Pobre. Carta número 14

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El estrés IV.

Otros modelos de gestión del tiempo.

La historia de mi amigo Luis en Bolivia.

Vives con un modelo de trabajo en el que realizas varias actividades al mismo tiempo. Tantas son, que estás siempre embarcado en nuevos proyectos. Tienes varias reuniones el mismo día, con distinta gente, con distintas expectativas, con distintos objetivos y con distintos resultados.

Tu forma de trabajar hace que siempres estés pendiente de algo. Siempre tienes una tarea inacabada.

La satisfacción que podrías tener por haber terminado un trabajo bien hecho se diluye en los miles de objetivos que todavía te quedan por realizar. El fin de una tarea se entremezcla sin separación con el desarrollo de otras tareas y el inicio de otras nuevas. No tienes descanso. No tienes tiempo y aunque lo tuvieses, también lo llenarías. Esa forma de trabajar es un caos. No conoces el auténtico descanso, tu vida es un trabajo sin fín.

Los objetivos que hace que un año eran importantes y que te quitaban el sueño, ya están logrados, pero han sido sustituidos por otros igual de importantes que ahora te impiden ir de vacaciones. Es lógico que vivas estresado.

Te pasas el día pendiente de un resultado, y mañana de otro, y pasado mañana de otro.

Te pregunto ahora por la calidad de tus trabajos.

Y es que "el cazador que persigue dos conejos no atrapa ninguno". Dice un provervio chino.

Te pondré un ejemplo de lo que se hace en sociedades y culturas tradicionales.

Un amigo, Luis, informático de profesión y egiptólogo de pasión, me contaba sus experiencias en un poblado indígena en lo más profundo de Bolivía, allí con los chamanes.

Le contaban que todos son ciclos. Desde el ciclo mayor formado por la propia sucesión de la vida y la muerte, hasta todos los ciclos que la vida nos depara y que nos permiten ir viviendo y creciendo.

Pero los ciclos para perfeccionalos, hay que cerrarlos. Nadie puede dejar nada pendiente. No pueden quedar cosas por hacer.

Me contaba la historia de cómo el jefe de la aldea desapareció durante varios días y cuando volvío, explicó que había tenido el sentimiento de ir a abrazar a un amigo que vivía muy lejos y tal cual lo sintió, se puso en camino para ir a verle. Dejarlo "para mañana" no era una opción. Así que se fue abrazó a su amigo y volvió a su tribu.

Para la mentalidad de un occidental, que el jefe de la aldea desaparezca puede ser curioso y hasta molesto. Cuántas cosas no quedarían por hacer si aquí faltase un alcalde (o cuantas cosas se harían).

Pero desde una perspectiva más humanista, te das cuenta de todo lo que significa. ¿Cuántas cosas no has dejado de hacer para mañana, o para otro momento más porpicio?. Y sobre todo ¿cuántas cosas deberías haber hecho o dicho a la gente a la que querías y ahora te arrepientes porque nunca las llevaste a cabo?.

Pues así actuba el jefe de esa aldea. Sentía la necesidad de ir a saludar a un amigo y lo hacía. Hacía caso a un presentimiento, a su intuición. Nunca dejaba nada pendiente.

Lo mismo hacían con el trabajo. El trabajo era un aprndizaje para la vida. Todas las tareas debian acabarse en el día.

Realizaban todas las tareas que se llevan a cabo en una sociedad agrícola: cultivan la tierra y planifican las cosechas.

Pero en vez de intentar cultivar dos campos en sólo día, y dejar esa actividad inacabada, cultiban sólo un campo cada día. Así cada día cerraba esa actividad.

Si sabian que el trabajo les iba a llevar muchas horas, se levantaban de madrugada, hacían todo el trabajo necesario en equipo y con el apoyo de la comunidad, pero conseguían acabar es ese día.

Piensa la sensación que queda al que trabaja así. Satisfacción por un trabajo bien hecho y que puede abarcar sin dificultades.

Hacen lo mismo que dicta toda la filosofía zen: atrapan el presente. Viven en el presente. No en el pasado, ni en el futuro. Viven el momento actual.

¿Te acuerdas cuando me dijiste que se te escaba el tiempo?. Que necesitabas diás de 30 horas y que aún así los agotarias. Pues si vives el presente, el tiempo recupera su valor, recupera su medida.

Si comparamos este "modus operandi" con el existente en occidente, donde el trabajo es planificado por objetivos, con los que hasta el fin de trimestre o año, el trabajador no es consciente de haber realizado su trabajo, la diferencia es abismal.

Si sabemos que la "sabia planificación" en una empresa consiste además en añadir un 5% a los objetivos del año pasado "y que se las apañen", no dejo de asustarme al comparar uno y otro modo de organizar el trabajo.

Lo que sí veo claramente es quien saca lo mejor del ser humano, y también lo mejor de su trabajo.

Y si el trabajo es también un aprendizaje para la vida, veremos de quién, (indios bolivianos) se aprende realmente algo y dónde (occidente) se crean simplemente seres estresados.

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